30 de mayo de 2016

Crónicas de un orgasmo

Recuerdo el día de mi muerte, porque ese día también nací. Me desperté temprano aquella vez, entre inquieto y medroso, sentí el extraño alivio del condenado. Llegaba - por fin- el delicado momento de mi muerte en el plano de las posibilidades en manos del vórtice implacable de la urgencia que explotaría transformando en breves segundos mi universo de esperanzas en un cúmulo de solo recuerdos.
Me pareció oir la conversación estableciendo la cita, los horarios, las condiciones o acaso fuera solo un recuerdo que acabé de inventar para desarrollar el relato.
Se que fue real porque a partir de él se disparó, en esa selva de emociones y sensaciones en la que yo vivía junto a mis hermanos y demás congéneres, un temporal de adrenalina, de hormonas, deseos, ansiedades y temblores acreciendo en duchas, masajes, afeites, ceras y aqua velvas perfumadas de turgencias y perturbaciones eréctiles apenas disimuladas en paños menores debutantes.
Repase mi existencia, menos para hacer un inventario que para acomodar las valijas. Yo nací al mundo junto a un montón de ilusiones, anhelos, búsquedas y emociones diversas de un hombreton no demasiado diferente a la mayoría de los que habitaban aquel barrio de clase media urbana y ritual. Prontamente descubrí que la unicidad requiere de orden y que turnos y colas lo establecen. Aprendí que el orden es inalterable, tenaz, pero que también es implacable e inexorable.
La espera en ese universo es una constante y me acomode para esperar.
Fui causa y efecto, objeto de estudio de profesionales y tema de conversación de presuntuosos y fanfarrones de bar. Algunos hermanos murieron solos, en epopeyas de poca monta, berretas y olvidables y otros necesitaron oscuros recovecos del alma para poder ser. Unos tuvieron orgiásticas ejecuciones públicas y algunos más vivieron la plenitud de una muerte gloriosa, épica, recordable por todos los tiempos.
Y esa acaso haya sido la utopía de mi existencia: Ser recordado por siempre, que es también una forma de no morir, de no correr destino de archivo, porque dicho sea, ese es el destino que le espera a los de mi laya.
Con el transcurso del tiempo yo también iré mutando desde un cosmos de perspectivas épicas a un barrio de recuerdos en el que seré ordenado, cronometrado, medido y pesado antes de pasar a una especie de museo, biblioteca o acaso cementerio en que serviré apenas de curiosidad y de estadística.
Pero volvamos a aquel día.
En poco tiempo seria el protagonista esencial de un episodio único, brutal, volcánico, pero a su vez fugaz, efímero, de un laconismo estremecedor ante tanta expectativa, y desde ese momento seguiría viviendo en el mismo continente de siempre, pero ya plasmado, real, evocable, nato y hasta acaso identificable. El pasaje por aquel túnel esencial me convertirá en historia, vitrificado en un tris del pasado, sin posibilidades de modificar nada, acaso apenas susceptible de ser recordado, tal vez asociado con alguna identidad o alguna fecha como extremo recurso de individualidad
Fue por eso tal vez, que cuando recibí la notificación de que era mi turno decidí prepararme. Conversé con el encargado, me asesore con recuerdos viejos, recorrí los depósitos pertinentes, me agencié de una cantidad adicional del material necesario en aquel viaje, me hice contar anécdotas vividas por otros e hice reservas para asegurar  mi propio nicho.
Y llego la hora.
El continente era un volcán.
Éramos muchos y con funciones complejas y diferentes.
Las hormonas mas activas disparaban alertas y endiabladas combinaciones químicas se apresuraban en sonrosar una mejilla, en erizar la piel, en aumentar el ritmo cardíaco, a exigir mayores caudales de oxigenación, en bombear cuerpos cavernosos, en inflamar humedales, en disponer miradas y alientos. Vino una andanada de precursores provenientes del control central y un aluvión de lubricantes marchó a cumplir su cometido.
Y poco a poco fue vaciándose aquella sala de espera y asi se fueron neurotransmisores y humores disparados por el límbico a rincones recónditos del cuerpo. En un vehículo viscoso y veloz vi embarcar los espermatozoides y a las encargadas de las contracciones musculares las observe presurosas arrojarse al torrente sanguíneo hasta desaparecer.
Sabía que el próximo era yo.
Entonces abrí mi valija de dopamina salude brevemente a nadie, pues nadie quedaba ya en aquella sala y me zambullí en aquel torbellino en el que ráfagas químicas disparadas en todas direcciones fulguraban refucilos de convulsiones y vértigo que me aniquilaron en espasmos de placer y algarabías que se fueron lentamente remansando y en la alta noche de aquellos amantes naci a los tiempos y pase a ser un orgasmo consumado, ocupando mi sitial en la historia de aquellos personajes.




29 de mayo de 2016

REQUIEM PARA PAISAJES DE CATAMARCA

Hoy fue un día aciago.Tuve que dar de baja de mi ajuar de soltería a “Paisajes de Catamarca”. Ya mismo hay que decir que se trata de un mantel que me acompaña desde el mismo día de mi segundo divorcio, bueno, para hablar con justeza, desde el día de mi segunda separación.
Nunca supe su origen, ni cómo fue que llegó hasta la casa que compartía con mi esposa de aquellos años. Ni siquiera sé si lo usamos alguna vez, aunque presumo que si, pues cuando lo vi por primera vez no me pareció que fuera un debutante.
Si se que a mi vida se sumó en ese sublime momento en que cargué un bolso con lo que agarré, desenchufe la compu, subí al perro, pegué un macho portazo y partí, eufórico, a navegar nuevos mares, a vivir formidables gestas románticas, desde el puerto del nuevo bulo alquilado en las periferias de las cuatro avenidas, euforia que por cierto, me duró exacta setenta y dos horas, las mismas que tardé en que me caigan las fichas de que de nuevo estaba, como dice una amiga, “en la puta calle”.
Esas setenta y dos primeras horas el recién separado las pasa en piloto automático, mas yo, que no era primerizo en esos menesteres.
Sin darme cuenta se volaron tres días avisando a los amigos y próximos colaterales que me busquen en la calle Paraguay al ochocienputamadre, departamento B, la nueva dirección a todo efecto, que no me llamen por TE al fijo que figuraba en la guía si no querían recibir toda clase de improperios, contando repetidas veces que fue una decisión definitiva, que san puta se lleve al matrimonio y recurriendo a las bataclanas amigas y celestinas conocidas para armar un nuevo fíxture social.
Pasado ese primer arranque, la adrenalina decrece, la testosterona perfila el equilibrio y uno se atreve a desembalar.
Allí recién me di cuenta que no tenía heladera ni cocina, ni ollas, ni platos, ni cubiertos, ni mesas, ni sillas, ni ropero, que calentaba agua con un calentador eléctrico sumergible, dentro del termo que me prestó un amigo, que tomaba mate, terere y me cepillaba los dientes con el único recipiente capaz de contener algo de agua: Mi viejo mate de guampa, sobreviviente de miles de batallas en todos los frentes y que nunca se baja del auto, ni para mear.
Bueno, allí estaba de nuevo, sólo, con una camita de una plaza, un colchón pobretón, un par de frazadas y el bolso negro aquel, conteniendo dos o tres calzoncillos, media docena de remeras, algunas camisas, las que estaban en las perchas, es decir las que les faltan botones en los puños, estaban agujereadas, manchadas o son de lana. Completaban aquel atado, una tricota de punto de dudosa utilidad en pleno diciembre, una toalla, una funda, dos sábanas de una plaza, todas de juegos distintos y un mantel verde…
- Eh?
- Un mantel verde…
- ¿Y para qué querrías un mantel verde si no tenías mesa?
- Que se yo. Allí estaba. En el fondo del bolso, como si hubiese sido el primero en alistarse para acompañarme.
Tal vez quedo allí de alguna vez que se cargaron ropas en ese bolso, no lo sé, pero allí estaba.
Al principio no le di mucha pelota. 
A los cinco días debutó como toalla. 
Después hizo de sábana mientras recuperaban la salud las titulares. 
Fue después de casi dos meses de aquella soltería, que me hice de una mesa y allí el mantel recuperó la identidad de Mantel Verde. 
Se sentía feliz. Podía percibirlo. 
Su verde loro brillaba de un modo diferente dándole más cuerpo, más presencia a la miserable mesita de sesenta por metro veinte con cuatro sillas de caño, tamaño jardín de infantes que pude agenciarme vaya uno a recordar cómo. 
Para festejar el completamiento de mi modesto mobiliario invite a cenar a una señorita que lo elogió descaradamente: que era del color adecuado para el blanco de las paredes; que los platos contrastaban adecuadamente con ese fondo de color tan sublime - eran dos platos durax marrón de esos de feria Todo por Dos Pesos, que es el lugar donde uno rearma rápidamente el arsenal de cocinero - lo cual fija dos pautas esenciales: el dudoso buen gusto de mi invitada y que en tiempo de guerra, cualquier pozo es trinchera.
Pero allí estuvo él, cumpliendo fielmente las funciones de engalanar el altar de los sacrificios en aquel matadero de soltero.
Años mas tarde y con tres o cuatro mudanzas a cuestas, desembarcamos en un puerto de cierta tranquilidad y estabilidad. A esas alturas si bien le había conseguido un floreado compañero de ruta y él ya lucía tal vez un poco más pálido, aun conservaba su coloratura. Fue Guadalupe, mi amiga mexicana, que acaso desconociendo todas las propiedades del hipoclorito de sodio, una tarde de lavazón le aplicó unas dosis marcadamente desmesuradas de Ayudín Concentrado provocándole un desteñido mimético que le valió su nueva y definitiva identidad: Paisajes de Catamarca, el de los “mil tonos de verdes”.
En los últimos tiempos del viejo Santiago, mi casa se convirtió en trinchera desde donde acompañábamos – toda la familia – la batalla sabida de antemano perdida. 
En aquellos momentos, Paisajes de Catamarca y si fiel compañero floreado se turnaban para mantener elegante y bien vestida la mesa de todos los días.
Fue sufriendo el paso del tiempo, igual que yo, que todos. 
Un día se nos fue el otro compañero de andanzas con nombre propio dentro de la casa – el perro Facundo – Decidió adelantarse en el viaje y quedamos solo él y yo.
Hoy lo fui a buscar para un relevo del floreado y descubro que de su última batalla el día de mi cumpleaños también a él la vida lo trato duramente y quedó muy mal averiado. 
Lo mire largamente: Los taninos de algún malbec mal servido, o algún mamado que calculó mal la distancia lo manchó malamente. Para completar unas grasas rebeldes le agregaron ciertos desagradables lamparones y un duelo entre un cuchillo y una pizza le completo un tajo que su sufrida urdimbre no pudo soportar dentro del lavarropas, lugar del que salió luciendo unos lamentables girones que obligan a tocar a rebato las campanas para despedir del servicio activo al amigo.
Pero, ¿qué puede hacerse con un mantel jubilado, aún con muchas historias sobre su lomo?
Nada más que trapos para otros usos. 
Y así fue que hoy, en necesitando un trapo para aplicarle Blend a un mueble, vi a la señora de la limpieza con un sonriente retazo de Paisajes de Catamarca.
Se me piantó un lagrimón.
Que se le va a hacer.


El circo de la vida

Dicen, por ahí lo andan diciendo,
se escucha, que se yo...
Que la vida es circo,
las fieras,
los equilibristas, los payasos,
yo y también vos
Dicen, por ahí lo andan diciendo,
se escucha, que se yo...
Que a esta arena,
sin pedir, viene la gente
y que se lo pasa huyendo
de la muerte…
Dicen, por ahí lo andan diciendo,
se escucha, que se yo...
y que al final queda
unicamente
todo lo aprendido,
menos el olvido…
Dicen, por ahí lo andan diciendo...
El olvido que no es descuido
sino el mero necesario.
simple, corto, arbitrario.
Dicen, por ahí lo andan diciendo,
se escucha hablar,
que solo somos
lo que contiene la mente
Dicen, por ahí lo andan diciendo,
se escucha, y acaso dicen verdad
lo real esta en lo que se percibe
No sirve de mucho
todo lo demas
Dicen, por ahí lo andan diciendo,
se escucha hablar
Que la felicidad es un camino
Que la paz lo es también
Que el secreto no es buscarla
Sino decidirla
habitarla,
Dicen, por ahí lo andan diciendo,
Y acaso digan verdad
29/5/2015

28 de mayo de 2016

La espera

A veces para lograr paz,
me achico en silencio,
me aquieto solito,
enmudezco un grito
prudente, pienso,
que es mejor el precio
a pagar por lo que amo,
si cierro la mano
y paciente espero.

Soledad, quietud y silencio
hacen el resto
Se que el final
será el que quiera
o sepa…
o pueda.
Siempre,
Lo que decida…
Producto de mis decisiones…
Así es mi vida.
Todo lo demás son circunstancias
Solo eso…
bueno…
y decisiones equivocadas
FP 25/5/2012



25 de mayo de 2016

Demasiada globalización produce aldeas.

"Los sujetos sociales emergen desde la periferia de la propia estructura social, provienen del fondo del tejido social y aparecen cuando la creencia en el orden social dominante se debilita. No se trata pues, de apariciones repentinas, sino de la emergencia de lo excluido, de vestigios de divisiones y exclusiones pasadas, se trata de realidades contingentes que ha permitido un modo distinto de intercambiar experiencias, necesidades proyectos, y utópias, la autoconsciencia cae la construcción de la realidad por lo que pueden llegar a proporcionar una guía en la selección de objetivos y ambiciones".
(IDD America Latina - Fundacion Konrad Adenauer - 2003)

Sin dudas.
Demasiada globalización produce aldeas.
Ese el camino

21 de mayo de 2016

Rasgos esenciales de las personas sensibles. Traducción de Marina Velasco Serrano

¿Crees que reflexionas sobre cualquier cosa más que los demás? ¿Te preocupas por los sentimientos de otras personas? ¿Te gustan los ambientes más tranquilos, menos caóticos?
Si te sientes identificado con lo anterior, puede que seas una persona muy sensible. Estos rasgos de personalidad (que comenzó a investigar Elaine N. Aron a principios de los 90) son relativamente comunes; una de cada cinco personas los posee. Aron, que ha escrito múltiples artículos y libros sobre la sensibilidad, entre ellos The Highly Sensitive Person (en español, El don de la sensibilidad), también desarrolló un test (que puedes probar aquí) para ayudar a determinar si eres una persona altamente sensible.
Si bien es cierto que ha aumentado el interés por la introversión (debido, especialmente, a las publicaciones sobre el tema, como el libro de Susan Cain Quiet, en español, El poder de los introvertidos), y que ahora somos más conscientes de estos rasgos de personalidad, Aron también destaca que la gente altamente sensible sigue considerándose una "minoría".
Pero "minoría" no es sinónimo de malo. De hecho, ser altamente sensible tiene numerosas características positivas. Aquí tienes algunas de las cualidades que comparte la gente altamente sensible.
1. Sienten con mayor intensidad. "Les gusta procesar las cosas a un nivel más profundo", afirma Ted Zeff, autor de The Highly Sensitive Person’s Survival Guide. "Son muy intuitivos, y llegan hasta el fondo de las cosas para llegar a descubrirlo todo".
2. Son más reactivos emocionalmente. La gente más sensible reacciona más frente a cualquier situación. Por ejemplo, mostrarán más empatía y preocupación por los problemas de un amigo, según explica Aron. También suelen preocuparse más por la reacción de otra persona ante a un suceso negativo.
3. Probablemente estén acostumbrados a oír: "No te lo tomes de forma personal" o "¿Por qué eres tan sensible?" Dependiendo de la cultura, la sensibilidad se puede considerar un valor añadido o, por el contrario, algo negativo, nos cuenta Zeff. En algunas de sus investigaciones, Zeff afirma que, en Norteamérica, la gente se burla con frecuencia de los hombres altamente sensibles (tal y como reconocieron los entrevistados), mientras que en otros países como Tailandia e India, los hombres sensibles no suelen ser objeto de burla, según afirmaron en las entrevistas. "Por lo tanto, tiene mucho que ver con la cultura; en algunas sociedades, que te digan '¡Qué sensible eres!' puede ser algo bueno", explica.
4. Prefieren hacer ejercicio solos.
La gente altamente sensible tiende a evitar los deportes de equipo, en los que parece que todo el mundo está observando tus movimientos, argumenta Zeff. En su estudio, la mayoría de las personas sensibles a las que entrevistó prefería deportes individuales, como hacer bicicleta o senderismo y salir a correr. Sin embargo, esto no siempre se cumple; también hay gente altamente sensible que, gracias a la comprensión y al apoyo de su familia, tiene más facilidad para participar en deportes de grupo, afirma Zeff.
5. Les cuesta más tomar decisiones. Las personas altamente sensibles son más conscientes de las sutilezas y de los detalles que dificultan la toma de decisiones, asegura Aron. Aunque no haya una decisión "acertada" o "equivocada" (por ejemplo, a la hora de elegir el sabor de un helado), las personas más sensibles tienden a tardar más en decidirse, puesto que sopesan cualquier consecuencia posible. Como aconsejaba Aron en su Comfort Zone Newsletter, "tómate todo el tiempo que la situación te permita y, si es posible, pide más tiempo si lo necesitas". "Cuando tengas que decidirte, piensa por unos momentos (un minuto, una hora, un día, una semana) que ya has tomado una decisión concreta. ¿Qué te parece? A menudo, desde fuera, la decisión adquiere otras dimensiones, y te da la posibilidad de ver tu caso con más claridad", sugiere. Por otra parte, cuando una persona altamente sensible llega a la conclusión de cuál es la decisión adecuada y cuál no en una situación determinada, llevará a cabo con rapidez esa misma decisión en ocasiones futuras.
6. Se sienten más decepcionados que los demás al tomar una decisión "equivocada". ¿Has experimentado alguna vez ese sentimiento desagradable al descubrir que has tomado una decisión errónea? En el caso de las personas altamente sensibles, "esa sensación se amplifica, pues su reactividad emocional es más alta", explica Aron.
7. Son muy muy observadores.
Las personas altamente sensibles son las primeras en darse cuenta de los detalles de una habitación, de los zapatos que estrenas, o de los cambios del tiempo.
8. No todas las personas sensibles son introvertidas. De hecho, según Aron, alrededor de un 30% de las personas altamente sensibles son extrovertidas. La especialista asegura que muchas veces, las personas sensibles y extrovertidas han crecido en una comunidad estrechamente unida (puede que vivieran en un barrio residencial, en un pueblo pequeño, o que tuvieran mucha relación con sus familiares), por lo que les resulta más fácil interactuar con la gente.
9. Trabajan bien en ambientes de equipo. Ya que las personas altamente sensibles les dan muchas vueltas a las cosas, trabajan muy bien en equipo, explica Aron. No obstante, son más adecuadas para puestos en los que no tienen que tomar una decisión final. Por ejemplo, si una persona sensible forma parte de un equipo médico, será buena analizando los pros y los contras que implica la operación de un paciente, pero es preferible que sea otra persona la encargada de decidir si ese paciente debe operarse o no.
10. Son más propensos a la ansiedad o la depresión (pero solo si han vivido experiencias negativas en el pasado). "Si has experimentado momentos malos en tu vida, sobre todo de pequeño (falta de seguridad en casa o en la escuela), tu sistema nervioso está activado para sentir ansiedad", explica Aron. Pero esto no quiere decir que todas las personas altamente sensibles vayan a tener ansiedad; de hecho, un entorno comprensivo es una buena medida de protección frente a la ansiedad. Los padres de niños altamente sensibles tienen que "asumir que sus hijos son estupendos, pero que hay que saber cómo tratarlos", afirma Aron. "No debes pecar por exceso de protección, pero tampoco por defecto. Tienes que valorarlos de tal manera que, desde jóvenes, tengan confianza en sí mismos y sepan que pueden hacer bien las cosas".
11. Los sonidos desagradables pueden ser bastante más molestos para una persona altamente sensible. Si bien es cierto que, en general, a casi nadie le gustan los ruidos molestos, las personas altamente sensibles son aún más sensibles al caos y al ruido. Esto se debe a que tienden a sentir más fatiga o estimulación por un alto nivel de actividad, cuenta Aron.
12. Las películas violentas son las peores.
Puesto que las personas altamente sensibles son más propensas a la empatía y a la sobrestimulación, las películas violentas o de miedo no les van mucho, afirma Aron.
13. Lloran con más facilidad. Esta es la razón por la que es importante no avergonzar a las personas sensibles por su condición, explica Zeff. Si sus amigos y su familia se dan cuenta de que esa es su forma de ser, y la aceptan, no verán el "llanto fácil" como algo de lo que deban avergonzarse.
14. Son muy educados. Las personas altamente sensibles son muy cuidadosas, asegura Aron. Por ello, suelen mostrarse más consideradas con la gente y tienen muy buenos modales. También tienden a darse cuenta antes de que alguien no se está comportando bien. Por ejemplo, las personas más sensibles son más conscientes de dónde han dejado su carrito de la compra, no por temor a que alguien se lo robe, sino porque no quieren molestar a nadie al bloquearle el paso.
15. Son más sensibles a las críticas. Las personas altamente sensibles reaccionan a las críticas de forma más intensa. Como consecuencia, a veces emplean algunas tácticas para evitar las críticas, como por ejemplo, tratar de agradar siempre a la gente, criticarse a sí mismos, o evitar mostrar el origen de las críticas, de acuerdo con Aron.
"Si alguien te dice algo negativo, tú puedes responder que te da igual, y nadie se sentirá ofendido. Pero, si se tratara de una personas altamente sensible, se lo tomaría muy a pecho", afirma Zeff.
16. Un cubículo cerrado, bien. Oficinas abiertas, mal.
Al igual que prefieren hacer ejercicio solas, las personas sensibles también prefieren trabajar en un entorno individual. Zeff explica que a muchas personas sensibles les gusta trabajar desde casa o ser autónomos, porque así pueden controlar los estímulos de su lugar de trabajo. Según Zeff, los que no tienen el lujo de poder elaborar sus propios horarios de trabajo flexibles, prefieren trabajar en espacios pequeños y cerrados, donde tienen más privacidad y menos ruido.

LEYENDA DEL ATRAPASUEÑOS

Hace mucho tiempo cuando el mundo era joven, un viejo líder espiritual Lakota estaba en una montaña alta y tuvo una visión. En esta visión Iktomi, el gran maestro bromista de la sabiduría apareció en la forma de una araña. Iktomi le hablo en un lenguaje sagrado, que solo los líderes espirituales de los Lakotas podían entender.
Mientras le hablaba Iktomi, la araña tomo un aro de sauce, el de mayor edad, también tenia plumas, pelo de caballo, cuentas y ofrendas y empezó a tejer una telaraña.
Él habla con el anciano acerca de los círculos de la vida, de como empezamos la vida como bebes y crecemos a la niñez y después a la edad adulta, finalmente nosotros vamos a la ancianidad, donde nosotros debemos ser cuidadosos como cuando éramos bebes completando el circulo.
Pero Iktomi dijo mientras continuaba tejiendo su red, en cada tiempo de la vida hay muchas fuerzas, algunas buenas otras malas, si te encuentras en las buenas fuerzas ellas te guiaran en la dirección correcta. Pero si tu escuchas a las fuerzas malas, ellas te lastimaran y te guiaran en la dirección equivocada.
El continuo, ahí hay muchas fuerzas y diferentes direcciones y pueden ayudar a interferir con la armonía de la naturaleza.
También con el gran espíritu y sus maravillosas enseñanzas.
Mientras la araña hablaba continuaba entretejiendo su telaraña, empezando de afuera y trabajando hacia el centro.
Cuando Iktomi termino de hablar, le dio al anciano Lakota, la red y le dijo: ve la telaraña es un circulo perfecto, pero en el centro hay un agujero, usa la telaraña para ayudarte a ti mismo y a tu gente, para alcanzar tus metas y hacer buen uso de las ideas de la gente, sueños y visiones.
Si tu crees en el gran espíritu, la telaraña atrapara tus buenas ideas y las malas se irán por el agujero.
El anciano Lakota, le paso su visión a su gente y ahora los indios Siux usan el atrapasueños como la red de su vida.
Este se cuelga arriba de sus camas, en su casa para escudriñar sus sueños y visiones.
Lo bueno de sus sueños es capturado en la telaraña de vida y enviado con ellos, lo malo de sus sueños escapa a través del agujero en el centro de la red y no será más parte de ellos.
Ellos creen que el atrapasueños sostiene el destino de su futuro.





Cosas de locos

  Y dale con los locos ... Es confusa la condición del ser humano. Su angustia existencial de base sustenta mi afirmación, por eso la locura...